Anuncio
Juego Presencial

Nueva demanda en Misuri cuestiona la presión oficial sobre las VGT

·6 visualizaciones

La disputa regulatoria sobre las máquinas de video lottery games (VGT) en Misuri sumó una nueva etapa judicial. Después de una demanda presentada la semana pasada por el dueño de un bar, ahora la fiscal general del estado, Catherine Hanaway, enfrenta otra acción legal impulsada por la Missouri Licensing Advocacy Group (MOLAG).

El grupo cuestiona las advertencias dirigidas a establecimientos con licencia para vender alcohol que mantienen máquinas de juego tipo tragamonedas no reguladas. Según su planteamiento, la fiscal general estaría excediendo sus facultades al intentar forzar cierres o amenazar con consecuencias sobre licencias sin una base legal específica aprobada por el poder legislativo.

La demanda pone el foco en los límites de la autoridad estatal

MOLAG reúne a locales, operadores y titulares de licencias de alcohol que rechazan la línea más estricta adoptada por el estado frente a las VGT. Algunos integrantes han preferido no identificarse públicamente por temor a represalias de autoridades locales.

El argumento central del grupo es que el debate sobre estas máquinas debe resolverse en la legislatura de Misuri y no mediante acciones de presión administrativa o interpretaciones expansivas de otras autoridades.

Misuri necesita claridad legal, no cierres impulsados por el miedo ni presiones mediante cartas o licencias.

La posición de MOLAG coincide en gran medida con la de James Schappe, propietario de Tuners Bar & Grill, quien ya había llevado un caso similar ante la justicia. Schappe sostiene que la legislación vigente en Misuri no regula de forma expresa las VGT ni las prohíbe de manera específica, por lo que la fiscal general no tendría facultades claras para actuar contra esos dispositivos.

Por su parte, Hanaway ha defendido su actuación apoyándose en un fallo federal previo contra otro operador. Desde la oficina de la fiscalía se considera que estas máquinas esquivan el marco regulatorio del juego en el estado y, por tanto, justifican medidas de control y presión sobre quienes las explotan.

En paralelo, los legisladores estatales siguen debatiendo fórmulas para incorporar estas terminales al sistema regulado existente. Sin embargo, hasta ahora no han logrado aprobar una solución definitiva.

Un vacío regulatorio con impacto en operadores y comercios

A pesar de la incertidumbre jurídica, las VGT se han extendido en distintos puntos de Misuri. Para muchos pequeños comercios, estos equipos representan una fuente adicional de ingresos en un contexto económico ajustado.

Quienes apoyan su continuidad advierten que retirar las máquinas sin una transición regulatoria clara puede afectar la viabilidad financiera de algunos negocios, especialmente si además se vincula el tema con la posible pérdida de licencias de alcohol.

El estado no debería tratar automáticamente cada máquina, cada operador y cada punto de venta como si fueran actividades criminales.

El problema de fondo es que las VGT siguen ubicadas en una zona gris. Funcionan de forma parecida a las tragamonedas, pero sus operadores insisten en que deben considerarse juegos de habilidad y no productos sujetos al mismo régimen que otras modalidades de juego regulado.

Esta diferencia importa por varias razones:

  • define qué autoridad puede intervenir;
  • determina si hace falta licencia específica de juego;
  • afecta a bares, comercios y distribuidores que ya operan estas máquinas;
  • marca el alcance de futuras sanciones o cierres.

Ante la falta de avances legislativos, el conflicto parece desplazarse cada vez más a los tribunales. Las demandas de Schappe y de MOLAG probablemente serán analizadas por la justicia estatal, que deberá decidir si la fiscal general actuó dentro de sus competencias o si avanzó sobre un terreno que corresponde regular a la legislatura.

Por qué este caso puede ser relevante para el mercado

La decisión judicial podría influir de forma directa en el futuro de las VGT en Misuri. También puede servir como referencia para otros estados de Estados Unidos donde existen disputas parecidas sobre máquinas de juego, juegos de habilidad y regímenes de licencias.

Para los operadores, el caso puede aclarar qué riesgos regulatorios enfrentan. Para los comercios con licencia de alcohol, la cuestión es si pueden seguir ofreciendo estos equipos sin exponerse a sanciones indirectas. Y para las autoridades, el litigio puede definir hasta dónde llega la capacidad de actuar cuando la ley no ofrece una respuesta expresa.

Hasta que exista una reforma legislativa clara, el mercado seguirá dependiendo de decisiones judiciales y de interpretaciones regulatorias en un entorno de alta incertidumbre.

Anuncio

Créditos de las ilustraciones: Shutterstock.com